La banda noruega, liderada por el baterista Frost y el cantante Satyr, regresó al país luego de unos años, en el marco de la gira por su último disco “Deep Calleth Upon Deep” para presentarse en Uniclub el miércoles pasado. El lugar estuvo lleno y las expectativas de un público exigente fueron satisfechas.

Varias leyendas del Black Metal visitaron Argentina durante este año y Satyricon se sumó a la lista. La banda  está marcada por la evolución. Sin duda dejaron atrás el sonido hermanado al blacker podrido; hace un tiempo que el maquillaje es más tenue y la postura es otra. Satyr y Frost no se quedaron en los 90. A partir de su disco “Volcano” (2002), las cosas cambiaron y sus seguidores lo saben.  Pero lejos de aferrarse a la nostalgia, la versión pulida del dúo, ya que ellos son los únicos miembros originales y quienes trabajan en  la composición de los temas, es sinónimo de crecimiento y de búsqueda. Los fans más acérrimos no tranzaron con las incorporaciones rockeras pero se perdieron una banda que no paro de crecer y que gracias a eso esta vigente.

Satyr se cortó y engominó el pelo para atrás hace algunos años. Es como un Nick Cave del inframundo, majestuoso y teatral. Tiene tanta presencia, que por momentos el escenario de Uniclub quedaba quizás un poco chico. Se disfruta, es un tipo que sabe mediar, no es verborrágico, porque arruinaría su impronta; pero sabe dirigirse, da las gracias, saluda y anuncia algún tema.

Entre el público los llamados a Frost son continuos, hasta se puede escuchar algunos bateristas decididos a tirar la toalla, porque el noruego tiene la técnica de Blast Beat completamente dominada. La banda repasa la discografía,  se va a lugares en los que la mayoría se siente cómoda. Canciones como Mother North y Transcendental Requiem Of Slaves de “Nemesis Divina” (1996) y otras su último disco, que a pesar de haber sido editado hace apenas dos meses, el público estaba más que enterado de algunas como Midnight Serpent, To Your Brethren in the Dark, Dissonant  y  Deep Calleth Upon Deep.

Un show de Satyricon no va a tener sobresaltos; es una banda que se disfruta, sobre todo en vivo, pero no esperen sorpresas. No son particularmente multitudinarios, pero de verdad se merecen aunque sea una escucha de cualquiera que guste de lo extremo. Cerraron con K.I.N.G de su disco “Now, Diabolical” del 2006, sin muchas vueltas. Un “Gracias”, el abrazo para la foto y salieron del escenario.

Reseña: Gala Claro