Opeth se estará presentando el próximo sábado 8 de abril en Groove (Av. Santa Fe 4389, CABA). Una vez más la banda liderada por Mikael Akerfeldt llega a Buenos Aires para presentar su reciente disco “Sorceress”, editado en septiembre del año pasado.

Con motivo de esta presentación y porque cada nuevo trabajo de Opeth es el inicio de una fase en su historia, nos pareció interesante reseñar su último disco. Por eso, de la mano y voz de Pablo Huija (baterista de Los Antiguos y Birror) hacemos un recorrido por “Sorceress”.

Reseña de Sorceress – Opeth

No importa cuán bien haya hecho las cosas antes, a Mikael Akerfeldt no le gusta mirar atrás ni repetirse. Es por eso que a veces le da lugar a esa ínfima porción de la humanidad que gusta de renegar y quejarse de lo que no sea lo que ellos esperaban, sin importar la calidad de la obra surgida de este recorrido que, hasta ahora, dista mucho de ser algo estático y repetitivo.

Persephone abre a la usanza de “Heritage” con el piano, pero esta vez con una pieza de guitarra española evocativa y un recitado romántico en la voz de Pascal Marie Vickery.

Desde “Heritage” también sigue el sonido orgánico de instrumentos en estado natural (muy notable en la batería) evitando caer en la temporalidad tímbrica que a veces imponen los efectos y técnicas de moda de ciertos períodos de la música popular.

“Sorceress” y “The Wilde Flowers” plantean el juego como de triple ying-yang en el que los riffs progresivos se funden con los pesados y devienen en pasajes de calma bucólica para concluir en estallidos salvajes de exquisita velocidad.

Will O’ the Wisp es un tema de extraordinaria belleza que bien podría estar en cualquier disco clásico de Jethro Tull sin desentonar

Chrysalis (¿Acaso otro guiño hacia el mundo de Jethro Tull?) arranca y te la da en la boca con una melodía angustiosa, ese shuffle a lo The Funeral Portrait y la cabalgata atresillada de Ghost of Perdition por ejemplo; que a esta altura son marca registrada de Akerfeldt y compañía, aunque siempre tienen el buen gusto de explorar las cadencias con variaciones muy creativas en sus más de siete minutos de duración.

Sorceress 2 actúa de interludio maravilloso y fantasmal, distante como la niebla en el pantano, te lleva a través de la oscuridad de su melodía con algún que otro rayo de luz hasta alcanzar tierra realmente firme.

The Seventh Sojourn es la pieza exótica con escalas arábigas y percusión acorde al estilo, arreglos de cuerdas que vienen siendo parte del mundo Opeth desde Closure en “Damnation” aproximadamente.

Strange Brew parece ser la bola curva del disco, si eso fuera posible con Opeth, ya que apela a la sorpresa y el desconcierto con una estructura libre, atípica y algo complicada de adivinar ya que atraviesa por todo tipo de ánimos y formas, desde la quietud baladezca a un salto al vacío en enrosques veloces e intrincados para dar paso a un riff de hard rock setentoso, bajar la intensidad y luego retornar con una suerte de oxímoron musical en la forma de un doom luminoso.

A Fleeting Glance amaga con un arranque que semeja la banda sonora de un circo abandonado y da paso a un rock pesado de tinte clásico y exquisitas guitarras hasta volver a las Jethrotullianas guitarras acústicas y reinterpretar la faceta hard rock con unas melodías y voces dignas de cualquier disco de rock atemporal, que a mi entender es lo que Opeth representa desde que abandonara los gruñidos guturales del death metal.

Em engaña adelantando el epílogo de piano para cortar abruptamente a un crescendo de órgano Hammond y un estallido de lo que tal vez sea, a la manera de este nuevo Opeth de los últimos 5 años, el tema más heavy metal del disco, simplemente por ser el que atraviesa toda su extensión sin bajar un cambio hasta el final.

Persephone (Slight Return) concluye en piano y recitado lo que empezara la guitarra en el preludio del disco cerrando otra obra maestra de esto que ya, para mí, es rock atemporal y por lo tanto, eterno.

Reseña: Pablo Huija