Pasó la segunda y última edición del Festival Noiseground de este año. Una apuesta fuerte el sábado 9 de diciembre juntó a Neurosis, Sanador y Montañas en el escenario del Teatro Vorterix. Una vez más, el evento dejó una huella.

Un festival de rock se puede calificar de histórico cuando reúne ciertos puntos fundamentales e irrepetibles, por lo menos hasta el momento. En primer lugar, vino Neurosis; una influencia fundamental para la mayoría de las bandas que escucha el público que estuvo el sábado en Vorterix. Si hablamos de sludge, post metal;  de bandas como Isis, Mastodon,  Pelican, Cult of Luna, etc, puede que no hubiesen existido si no fuera por Neurosis. Es muy probable que nunca hubiesen desarrollado ese sonido, que mezcla la progresión, la tortura del sludge, el clima del post rock y la fuerza del metal.  Sumado a esto, pese a que la banda comenzó a mediados de los 80, nunca habían visitado Argentina, de manera que los fanáticos hacía tiempo la esperaban con gran ansiedad.

Por otro lado, aunque Neurosis fue el plato fuerte de la noche, las bandas locales (Montañas y Sanador) aportaron mucho para que el festival fuera memorable.

sanador noiseground festival

Montañas comenzó de manera puntual, abrieron para el público que fue llenando los espacios del Teatro. Los oriundos de Quilmes despliegan presentaciones cada vez más fluidas y demostraron su profesionalismo,  ya que si bien no pudieron terminar el set por un problema con el tacho de la batería, lo sobrellevaron de excelente manera y aunque despidieron al público anticipadamente, todos quedaron satisfechos.

Respecto a Sanador, apuestan al clima y hay algo en lo que ganan. La banda surgió hace poco de la mano de Juan Manuel Díaz y se fueron abriendo paso en los escenarios porteños. Casi como una banda instrumental, suenan acertados, pero por momentos generan una cierta somnolencia, que quizás puedan pulir con el tiempo.

neurosis en argentinaNeurosis también llegó puntual. No faltaba nadie y se podía cortar el aire: los reyes del clima se fueron subiendo al escenario mientras comenzaba a sonar Lost.  No hace falta un gran despliegue físico en escena, todos son excelentes músicos y dependiendo la canción se va abriendo  el espacio para que cada uno se destaque. El baterista, Jason Roeder, es una bestia, tiene unos platos enormes que brillan como ninguno, los hace sonar hasta la puerta del Teatro y se adueña del escenario con un solo casi sobre el final del show. El tecladista, Noah Landis, es una pieza fundamental. Su posición sobre las teclas es muy rockera, se balancea, extiende los brazos, golpea, pero además es la clave de muchos de los sonidos que acompañan el viaje.

Scott Kelly, tieso, pero preciso.  Su voz se mezcla con la música. Por momentos, queda más abajo que la del otro guitarrista, Steve Von Till, que tira magias mientras repite el headbanging como un mantra.

La banda se escucha fuerte;  muy fuerte, algunos se tapan los oídos, pero no se pierde la claridad en el sonido. El pelo verde de Dave Edwardson brilla bajo las luces y por momentos, es el más eléctrico. Su momento de gloria aparece en algún tema, cuando se pueden apreciar sus virtudes con el bajo.

Casi dos horas de show, 11 canciones, unas más conocidas que otras, pero todas totalmente disfrutables.  ¿La falta? Josh Graham. Los recitales de Neurosis eran famosos por sus visuales y a nosotros nos quedó pendiente disfrutar de ese sexto integrante, que no pertenece a la banda desde 2012.

Con todos estos condimentos se pudo hacer un festival histórico. Otra vez un gol, que genera expectativas para lo que se viene.neurosis en argentinaReseña: Gala Claro
Fotos: Mariano Rodriguez Alvarez (ver fotos) y Sil Morsenti (ver fotos)