Kadavar regresó a Buenos Aires. El pasado viernes, el trío alemán llenó el Roxy de Palermo, en el segundo sold out de la banda en Argentina. Eso es ganar y no perder vigencia.

Los trajo de regreso su disco Rough Times. Como habíamos mencionado en otra oportunidad, esta placa fue para los alemanes un intento de salir del mote de revival, pero la verdad es que su esencia tiene un pie en el pasado. Aunque no lo quieran, el estilo  crudo, riffero y psicodélico nos remonta a bandas de los ´70s. Pero ellos saben manejar muy bien el futuro y el pasado, logran combinarlos y el resultado musical es totalmente propio. Ahí está el mérito y no deberían preocuparse por los motes.

En cuanto a la presentación de la banda en vivo, así como en su música, cada detalle está meticulosamente calculado. Pareciera que no, por el aspecto despreocupado que dejan ver en las fotos de prensa, nos dan una impresión de espontaneidad, pero cuando están sobre el escenario, se puede entender y percibir el combo completo.

El guitarrista, Christoph “Lupus” Lindemann, esconde su cara detrás de una voluminosa y lacia cabellera rubia que le llega por debajo de los hombros, con la guitarra colocada un poco más arriba de lo acostumbrado y una postura que nos recuerda a Paul Kossoff. Habla lo suficiente, pregunta si queremos party; y ante la respuesta afirmativa, desafía con un “bueno, ahora vamos a ver”. Otra cosa que hay que mencionar  de “Lupus” es que puede manejar desde un riff pesado, casi heavy metal clásico, a meterse a algo más sucio medio sabbathero en canciones como “Words Of Evil” (que no la tocaron) o algún punteo a lo Guitar Hero.

kadavar argentinaPor su parte, el baterista es la estrella a retratar de la noche. Con Christoph “Tiger” Bartelt, se viene de nuevo a la cabeza eso de que tienen todo pensado. La batería es sencilla, cuatro cuerpos, toda posicionada al mismo nivel. Un tipo que debe medir 2 metros es imponente de por sí; pero sí a esto le sumamos un ventilador que hacía volar hacia arriba su gran barba y su abultada melena, todo adquiere una atmósfera de videoclip. Mientras, él alzaba sus largos brazos para dar golpes más certeros que fuertes.   

El bajista Simon “Dragon” Bouteloup, tan alto como el resto, chaleco ceñido, pucho en la comisura del labio, tira unas líneas de bajo que terminan de completar la pared de sonido. Detrás de la operación de la banda en vivo hay una mano alemana: el audio está mezclado de forma excelente y los instrumentos ocupan perfectamente su lugar. Eso genera una sensación envolvente, con  distorsión al mango, pero sin reventar. El trío deja claro que no hace falta más para sonar poderosos.

La banda repasó un poco de su último disco, muy festejado por la gente, quizás por ser el más comercializado hasta el momento. Die Baby Die es el hit. Tal vez faltó Tribulation Nation. De lo anterior pasaron por Purple Sage, All Our Thoughts, Come Back Life y The Old Man, entre otras.

Con este panorama, Kadavar consolidó su lugar por estos lados. Solo importa que sigan tocando así y regresen, disco a disco, a visitar a los fans que supieron cosechar aquí.

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Fotos: Mariano Rodriguez Alvarez
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