Sergio CH es una persona que respira, habla y transmite música. Da la impresión de que su cabeza está constantemente pensando y creando nuevos temas, discos, bandas o festivales.

En esta nota con RacingStoner.com, charlamos de todo un poco: repasamos su carrera, el lanzamiento de su nuevo disco solista Aurora, la experiencia de tocar junto a su hija, el rol de South American Sludge, de sus próximos proyectos y de su relación con Los Natas.

Pasen y lean…

¿Qué nos podés contar de Aurora, tu nuevo lanzamiento?

Aurora es mi segundo disco solista, después de 1974. Lo terminé hace 2 años, así que tuvo un buen tiempo para reposar y descansar hasta que llegara el momento indicado para sacarlo. Se podría decir que tanto 1974 como Aurora los grabé de un tirón, fue meterme de una a grabar, así que luego, cada disco tuvo su tiempo. Y si bien ambos se grabaron juntos, tienen una estética, un sonido y un concepto bien diferentes: 1974 fue grabado casi desde el abismo y en Aurora ya estamos en la ruta hacia el sol (risas).

¿El arte de tapa lo diseñaste vos? ¿Qué significa?

auroraMe cuesta leer las cosas al poco tiempo que las hago. Igual, la tapa hace un par de añitos que la vengo mirando en el monitor. Es como una puerta hacia un lugar, un paraíso, un altar. Podría figurar un lugar en especial, pero si lo mirás un poco más de cerca, es como esa puerta que todos tenemos dentro nuestro. Que uno puede decidir si traspasarla o no, es una puerta hacia otro lugar. Hay que animarse a cruzar esa puerta, animarse a dejar el pasado. Pero, por lo que figura en el arte, es una puerta bastante linda: hay gente recibiéndote, hay un árbol, un cielo. Aunque si te fijás abajo de la puerta, hay una especie de enanos malditos, que vendrían a ser la perdición y toda la parte oscura. Y un detalle es que arriba del árbol hay un cuervo negro que te está diciendo “Tené cuidado, no todo es tan hermoso como parece…”.

– Se nota que atravesás pasajes de un estilo más stoner-drone a melodías mucho más relajantes con una criolla de protagonista. Parece ser una impronta de Aurora y de otras producciones tuyas en las que los discos son viajes por distintas frecuencias y estilos sonoros. ¿Te lo planteás de esta manera? ¿Abordás cada disco pensando en un estilo o sonido en particular, o más bien lo ves como un espacio en blanco al que llenás con los sonidos que se te vienen a la cabeza?

De acuerdo con cada disco, las canciones que se van sucediendo van pidiendo su sonido, no es algo que yo diagrame. Esto también pasaba en algunos discos de Los Natas. Por ejemplo, en Corsario Negro está El Gauchito”, que es un temita de bajo con algunas notitas que hace el Gonza; en el Hombre Montaña está “El Camino de Dios”, una suerte de folklorazo criollo cristiano (risas) y En el Nuevo Orden de la Libertad ya empecé a meter piano, tenés “Dos horses” que grabó mi hermano, una suerte de himno western gauchesco. Después, lo divertido es que en vivo voy versionando las canciones. Por ejemplo, de La Sal y El Arroz está la versión de Ararat, la de 1974, otra que hice yo solo y otra, que la hice con mi hija.

Al momento de grabar dejo que las canciones me pidan el formato que quieren. También es una manera de darle equilibrio, ¿no? Aurora, por ejemplo, arranca con “Aurora”, que es una zapada de 19 minutos 100% drone: SG a 2 amplificadores valvulares, distorsión al taco, acople al límite…

– Te sacaste las ganas…

¡Me saqué las ganas! Fue así, tal cual. Llegué de un viajecito, tenía la SG guardada desde hacía 2 años. La enchufé, estaba afinada, puse 2 micrófonos y grabé. Después de eso, era necesario un descanso y ahí aparece El Herrero: agarré una criolla a la que le faltaban 2 o 3 cuerdas, afinada diferente a lo que es normal. Toqué un poco, apareció el riff y bueno, cuadernito en mano, surgió la letra.

Cada canción tiene su concepto. Aurora es como un viaje, dar cuenta de un lugar, una travesía. El Herrero es más bien una versión no tan pesada en contenido y sonido. Para mí, se van equilibrando y las sonoridades van conviviendo.

– Hace poco participaste del festival Ciudad Emergente tocando con tu hija Isabel. ¿Cómo fue esa experiencia?

Con mi hija hago música desde que ella es muy chiquita, ya agarraba la guitarra y el piano, tenía una Les Paul bien chiquitita. Yo quería que tocara con una SG, pero ella estaba todo el tiempo con la Les Paul (risas).

Y ella, por su cuenta, hace música desde los 9 años, siempre, desde tocar en una iglesia hasta caerme un día con 2 chicos y decirme “Che papá, ¿me prestás la sala?”.

sergio-chLa primera vez fue cuando saqué 1974, presentándolo en vivo la invité a tocar La Sal y El Arroz y la verdad es que lo que se generó en el escenario fue una química familiar muy importante. La gente lo sintió mucho. A partir de ahí, empezó a venir como invitada a cantar ese tema y algunos otros en vivo en las presentaciones que teníamos.

Después, en el verano, le tiré la idea de grabar 2 canciones y ahí salió la versión a dúo de La Sal y El Arroz y el cover de Hurt de Johnny Cash, que si bien el tema es original de NIN, para mi Cash le afanó la esencia y lo hizo sonar mucho más que Reznor. Así que nosotros hicimos una versión más cercana a la de Cash, con la letra en castellano. Yo la tenía escrita hacía bastante, no es una traducción. Es más o menos parecido al juego que yo hice con El Ass de Espada con Ricardo Iorio. Tomar la esencia de la canción, lo que a mí me transmite y plasmarlo en una letra.

– Tanto en La Sal y El Arroz como en Hurt se nota un interesante contraste de voces. ¿Pensás a futuro seguir explorando este camino? ¿La posibilidad de sumarla en otros proyectos?

Por ahora no lo sé y no lo quiero presionar, al ser mi hija es muy delicado. Yo no soy de esos padres que quieren que sus hijos sigan su camino. De hecho, ella está ahora en una edad en la que tiene un montón de ganas de hacer un montón de cosas diferentes y lo primero que le diría es “no sigas la carrera de la música, es muy difícil” (risas). Yo preferiría que ella se dedique a otra cosa, que sea doctora, arqueóloga, lo que sea.

Sí me interesa mantenerlo como un lugar humano para compartirlo con ella, que sea un espacio en donde podamos agarrar la guitarra, tocar un poco y grabar algo de vez en cuando. Pero no quiero meterla en la carrera de la música y ni que sea una presión ni nada por el estilo. Si ella el día de mañana elige la música, yo voy a estar al lado para acompañarla, aconsejarla, ponerle un buen equipo en el escenario. Pero bueno, por ahora es sólo un registro familiar que va a quedar para siempre.

– Paralelamente a la presentación de Aurora, estás con Ararat y Soldati ¿Tomás estos proyectos como un espacio musical separado? Da la impresión de que Ararat y tus discos solitas (1974 y el próximo Aurora) son exploraciones más personales y Soldati es una expansión natera ¿no?

Y todo un poquito se fue dando. Cuando terminamos con Los Natas, yo ya tenía en la cabeza la idea de Ararat. El primero lo hice yo solo y después se formó la banda. Después, apareció Sergio CH solista, y después, surgió Soldati con 2 amigos. Todo se fue acomodando y hoy día conviven de una manera delicada, porque son muchos kioscos para mantener abiertos (risas). Lo que está bueno, es que cada cosa tiene su instrumento, su sonoridad y su porqué. En Ararat toco el bajo, con ese sonido más guitarrero que le saco al bajo. En mi faceta solista, estoy más con la criolla en mano y Soldati es la SG más natera.

– ¿Y cómo fue ese pasaje de la guitarra al bajo?

Después de tocar la guitarra durante 16 años con Los Natas y de tener ese lugar de “guitarrista”, de tener que estar todo el tiempo con la cabeza arriba, la sensaciones por el techo…necesité bajar un poco a la tierra. Cuando compuse el segundo disco de Ararat, recuerdo que primero toqué la batería 1 hora y media pensando música de lo que es Ararat II y lo primero que grabé arriba fueron los bajos. Después lo convoqué a Alfredo (Felitte) para sumarse a Ararat porque teníamos muchas ganas de poner un baterista de verdad, no como yo que toco para el orto (risas). Y de repente, estábamos con él grabando las baterías, estaba la línea del bajo, nos miramos y dijimos “ya está, es esto, vamos”. Y así fue que al poco tiempo empezamos a salir los 2 a hacer shows de Ararat.

Encontré en el bajo una forma de poder bajar un poco de la nube de la adrenalina en la que venía y fue un instrumento que me ayudó muchísimo a conectarme con la tierra, conmigo mismo, bajar un poco la locura.

– Simultáneamente a tus proyectos musicales seguís muy metido con South American Sludge Records. ¿Cómo viene este proyecto?

El nacimiento del sello fue en el 2011. En su momento nosotros teníamos las cintas originales del demo de Ciudad de Braham de Los Natas, que lo habíamos grabado como si hubiéramos entrado a grabar el disco. Pero al poco tiempo, tuvimos la sorpresa del sello Man’s Ruin Records que nos invitó a grabar el disco en Estados Unidos. Supuestamente, lo iba a producir Josh Homme pero después se ofendió porque leyó una nota en el San Francisco Weekly que decía “Queens of Stone Age meets the King of Stoner Rock” y el colorado se calentó (risas) y lo terminó produciendo Dale Crover. La demo terminó guardada y lo sacamos al poco tiempo en cassette. Podría decirse que ese es el lanzamiento 001 de South American Sludge.

Después de la gira por Europa yo ya venía con la idea en la cabeza de armar una comunión sudamericana de todas las bandas que cantábamos en castellano y hacíamos doom, stoner o lo que fuera. Porque cuando volvimos de Europa, ya se estaba dejando de hablar de Stoner, se estaba traspasando toda esa barrera del desierto, el cactus y la van (risas), ya era otra cosa…en el último Roadburn estaban tocando Om, Sunn O))), ya había una movida mucho más picante.

Volvimos acá, hicimos el festival (South American Sludge) con bandas de Chile, Uruguay, Brasil y al toque lanzamos el sello, sacamos Rutation de Los Natas y a partir de ahí fui metiendo cositas para el sello.

Fue creciendo mucho en estos 2 últimos años. Hasta el momento tenemos más de 60 lanzamientos, entre los cuales hay reediciones de Los Natas, mis discos solistas, Ararat, bandas de Chile, Uruguay y México, etc. La impronta del sello es que no hay contrato de por medio, no hay guita de por medio. Es más que nada una cosa nostra, una gran familia. Y ya tomó vida propia, entre las bandas arman sus propios festivales o ciclos. Lo soltamos y es medio como El club de la pelea (risas).

– ¿Cómo te sentís en ese rol de padrino del sello?

Para mí, es un poco natural porque yo fui padre muy joven. Tengo 42 y mis hijos tienen 16 y 14. Yo lo disfrute, desde la época de Motoclub Bar venían las bandas a traerme los demos y yo los aconsejaba; nunca diciéndoles qué hacer, sino dándoles mi opinión de qué haría yo. De repente, ver que las bandas confían en mí, que yo puedo aportar algo, está buenísimo. Y por otro lado, uno vuelve a aprender: de cada producción o grabación que hice, de cada arte en el que participé, de cada vez que entré al estudio, aprendo. Aprendo de los músicos, de la música, de los ingenieros con los que voy laburando y aporto mi color, mi estilo y mi sonido.

– ¿Escuchaste Audion? ¿Qué te pareció?

Si, con el Gonza estuvimos grabando hace poquito las sesiones de blues pesado. ¡Y Audión está buenísimo, es el Gonza! Es el folklore, el metal y todo el legado de la familia Villagra. El sonido de él puesto en un trío que suena buenísimo. La verdad, está bárbaro. Lo que más me alegra de Audión es verlo contento al Gonza, verlo bien, disfrutando, ver a un amigo bien, eso es lo que más me gusta.

– Sos un músico que hace más de 20 años viene tocando. ¿Sentís en algún momento la necesidad de hacer un balance? ¿Te pasa de frenar un poco y pensar en todo lo que hiciste?

La verdad que no, trato de no mirar para atrás. Ni tampoco miro mucho para el futuro, trato de mirar el hoy, el ahora. Estar concentrado en esta charla, en este cafecito. Estar presente.

Aprendí en este último tiempo que si me voy mucho para atrás me pierdo en los recuerdos, en el “si hubiera hecho esto o aquello”. Si me enfoco en el futuro, no sé qué va a pasar, no tengo el control de nada.

– Por lo pronto tenés ahora el próximo 20/10 el lanzamiento de tu nuevo disco, Aurora

Jueves 20 en Club V, con muchas ganas. Voy a armar una artillería bastante importante (risas). Desarrollé un set bastante interesante: un poquito de drone, voy a tocar todo Aurora, algunas canciones de Ararat y otras de Los Natas, esas canciones que hacen lagrimear a algunos como Tomatito (risas), hacerlo agradable para la gente ¿no? Últimamente en los conciertos lo que más trato es pasarlo bien y que la gente la pase bien.

– ¿Qué planes tenés para el próximo año? ¿Algún lanzamiento? ¿Disco nuevo?

Para 2017 tenemos la salida de 2 simples: las Sesiones del Blues Pesado con Villagra y Castello, y las versiones de La Sal y El Arroz y Hurt que hice con mi hija. También estaríamos entrando a grabar el disco debut de Soldati.
Algo que también estuve haciendo en estos últimos meses es juntarme con un nuevo amigo, Gabo Ferro, que para mí es un stoner (risas) porque le canta a la libertad, lucha por su sonido, es chacarero y tanguero. Con Gabo estamos grabando un disco en el estudio de mi casa, ya hay 16 canciones grabadas. Vamos a ver qué pasa…

Y otra cosa que estamos haciendo con Agustín Facio, que es el encargado de las ediciones en vinilo en South American Sludge, es ver si para fin de año podemos traer desde Alemania la reedición de Corsario Negro y un disco inédito de Los Natas que se llama DeathSessions: 8 versiones de los temas de Los Natas grabados en el 2010 que nunca se escucharon y que nadie conoce, ni nadie sabe que existen (risas). También tenemos pensado seguir reeditando el catálogo de Los Natas el año que viene. Hay mucha carne en el asador y en el freezer hay bastante (risas)

– No te quiero hacer la pregunta que te hace todo el mundo (risas). ¿Cómo te sentís vos en relación a la banda, lo que pasó y con los chicos más que nada?

La verdad, me siento muy bien. Para mí la persona que soy hoy y la música que hago hoy es gracias a todo lo que pude hacer con toda la gente que me enseñó y con la que pude compartir la música, el camino, la ruta y los estudios en estos veintipico de años. Yo le debo muchísimo a todos los músicos con los que toqué: desde Billy Anderson hasta el Gonza, Walter, el Topo, todos me dejaron algo y yo creo que les pude dejar algo ¿no? Eso hace que pueda ser la persona que soy hoy. Yo hoy estoy muy contento con la persona que soy.

Por otro lado, para mi sigo siendo de Los Natas, no por lo que hice, sino por lo que hago. A veces puteo, pero la mayoría de las horas del día como músico, me las paso en la oficina, teléfono y compu en mano y sigo trabajando para Los Natas. Este año hicimos las reediciones en CD de Delmar y Ciudad de Brahman, los vinilos que mandamos a fabricar afuera. Yo sigo laburando para Los Natas, no tanto pero casi igual que cuando estábamos tocando (risas). Yo estoy muy amigado con la historia, estamos muy bien con los chicos (Walter y Gonza), creo que fue un momento de lime, entendible después de 18 años de dárnosla con todo, de mucha ruta, mucha cosa, mucha energía y tal vez en su momento no saber cómo manejarla. Hoy en día estamos más grandes y nos llevamos re bien, hablamos por teléfono y la pasamos bárbaro.

– Y si en algún momento se da, se dará…

Si en algún momento se da, se dará. Solo por hoy cada uno está en lo suyo y cada uno está muy bien en lo suyo. Celebro y levanto la copa por lo que estamos haciendo cada uno en lo suyo que está buenísimo… y el día de mañana veremos.

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Entrevista: Nacho Jacobo