La banda inglesa se presentó en el Estadio Único De La Plata en el marco de su gira “Global Spirit Tour”. Tras un show cargado de desilusión en lo técnico, retratamos como lo vivimos desde lo personal.

¿Qué decir que no se dijo? Leí varias crónicas y estoy de acuerdo con la mayoría. Así que simplemente voy a relatar el paso a paso de la experiencia Depeche Mode. Quizás de esa manera pueda retratar una vez más que un show fallido, para el público argentino, no es simplemente eso. Hay dos motivos fundamentales: Por un lado el costo. Entradas que no bajan los $1200 no son fáciles para pagar para nadie. El otro, y no menos importante, son los nueve años de espera para que regresen. Acá, como en la mayoría de los países Latinoamericanos no tenemos este tipo de bandas al alcance de la mano. Si hablo solo de Depeche Mode, pasaron dos discos y solo con el éxito de Spirit decidieron darse una vuelta para visitar este lado del charco.

La banda no vino muchas veces a Argentina. La primera vez fue en Velez, en 1994, en pleno auge con el disco Songs Of Faith And Devotion bajo el brazo. Quienes tuvieron la suerte de presenciarlo dicen que el show fue muy bueno, colmado por el desenfreno y con menos parafernalia. La segunda vez fue en el Club Ciudad, en octubre del 2009, presentando Sounds Of The Universe. Ese show fue memorable también. Desde el setlist, la puesta en escena y la performance de la banda.

La salida de Spirit y el anuncio de la gira mundial renovó la esperanza de ver nuevamente un show de los ingleses. Finalmente el 20 de abril del año pasado se confirmó: Depeche Mode en el Estadio Único De La Plata el 24 de marzo. Las entradas iban de $1400 a $3000 más servicios.

La banda comenzó la gira y desde ese momento hasta el día del show era todo prometedor. El set list; las visuales; la energía de Gahan, Gore y Fletcher. Así se veía en todos los videos que, tanto la banda como los fans, subían a las redes.

En lo personal, la procesión a La Plata comenzó a las 15:00. Relativamente temprano, el tráfico todavía no era denso, pero la salida exageradamente antes fue una elección para muchos. Los transportes para llegar al estadio no abundan, y la mayoría del público hizo malabares tanto para llegar, como luego, para volver.
Caminé unas 25 cuadras para llegar al estadio. Paré en lo de Ricardo, un local a la calle, tipo parrilla y rotisería con mesas al aire libre, en el que todos los presentes claramente habían tomado la misma decisión que yo, se notaba en sus remeras y en sus caras. Seguí adelante y, una vez en la fila, esperé. El tiempo pasaba lento y a las 18:30 comencé la recta final. En ese momento era todo satisfacción. Conservaba un buen recuerdo del Estadio de aquella vez con Black Sabbath. Muchos baños químicos, relativamente limpios, espacio, opciones para comer. Solo quedaba esperar. Cerca de las 19:30 hs, Juana Molina hizo su ingreso al escenario. No conozco nada de su carrera y a pesar de la ansiedad, me gustó lo que hizo. Las pantallas funcionaron todo el show y se escuchaba muy bien a pesar de las constantes señas de la cantante.

Nueve en punto, se apagaron las luces y fue el momento. Comenzaron con la grabación de Revolution, de The Beatles, en un claro guiño a la influencia; y salieron con Going Backwards, de su último disco. La pintura al fondo era interesante, pero reinaba la necesidad de verles las caras. Para el comienzo de It’s No Good (segunda canción de la noche) las pantallas se apagaron, de ahí en más todo fue declive. Estas no funcionaron más que apenas una canción y media, mientras que en el campo, el sonido era un desastre, no se escuchaban las voces y había que hacer fuerza para sentir la guitarra de Gore. “Pone la pantalla, la puta que te pario” sonó entre tema y tema; Silbidos, gritos y los músicos siguieron dando un show que a pesar de todo fue muy bueno, pero sin acusar recibo del reclamo de casi todo el estadio. Gahan está impecable, incluso con la voz mucho mejor que en otras épocas, e incansable en sus vueltitas en trompo que tanto hemos visto en videos en vivo. Martin lo mismo. La energía que tienen es indiscutible, pero mientras ellos la mantenían, la del público luchaba por quedarse ahí, y por momentos todo se hacía insostenible. Era más fácil escuchar a la gente que cantaba alrededor que a la banda.

Las canciones elegidas respetaron casi a rajatabla las que vienen haciendo durante todo el tour, enfocadas en mitad de los 90s en adelante, aunque no faltaron clásicos como Everything Counts, Strange Love versión acústica a cargo de la voz de Martin y un cierre con Personal Jesus, que sonaba mientras más de la mitad del público se avecinaba hacia la puerta, porque la mayoría tenía que emprender un largo y tedioso regreso sobre la autopista.

Cumplen ese rol de “banda de la vida” pero eso no me quita la objetividad. ¿Sera que habrá una próxima? ¿Habrá revancha? No sé cuántos la soportarían y también ¿ahora que importa? El show ya pasó y solo dejo un sabor más amargo que dulce.

Al día siguiente la banda saco un comunicado al respecto, pidió disculpas y responsabilizó a la empresa proveedora de las pantallas sobre el problema. Podrían haber dicho algo durante el recital, eso hubiese aquietado un poco las aguas, ahora es tarde.


Autora: Gala Claro